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Todo lo que necesitamos saber sobre las Travesuras de Perros

Shakti adora la ropa limpia, sobre todo cuando está recién lavada, cuidadosamente doblada y guardada en una cesta. Cuando no hay moros en la costa, este Yorkie de seis años se tira de cabeza dentro de la cesta y hurga en ella hasta que encuentra su premio: un par de calcetines enrollados. Una vez en posesión del preciado juguete, se embarca en el divertido juego del “¿a que no me pillan?”. Se dirige al trote hacia su dueño, le enseña los calcetines que aprieta fuertemente entre los dientes y luego, con los ojos brillantes por la expectación, espera. Acto seguido, su dueño se levanta de un salto y se lanza al rescate de los calcetines.

Perro Mordiendo Ropa

No hay tregua. Shakti sale disparado y su amo lo persigue desesperadamente. El juego no finaliza hasta que logra recuperarlos o bien hasta que acaban hechos trizas.

“Shakti es sin duda un perro travieso pero no porque sea malo o le falte adiestramiento. Todo lo contrario; sólo hace lo que su dueño inconscientemente le ha enseñado a hacer”, explica Karen L. Overall. Las personas persiguen a los perros cuando desean recobrar sus objetos personales y los perros se persiguen los unos a los otros cuando quieren jugar. Shakti, interpretando el comportamiento de su amo según sus normas de conducta, le sigue el juego alegremente.

El significado de la travesura

Los perros no son unos santos. Hacen montones de cosas que desearíamos que no hiciesen. Robar calcetines no es lo peor; hay perros que muerden las patas de las mesas, otros roban los huesos de pollo de la basura y los bistecs de la cocina. Los hay que se quedan quietos mientras sus dueños se acercan con la correa y, de repente, echan a correr con mirada de pillos.

Los perros nunca causan problemas con mala intención. La mayoría de las veces lo único que hacen son cosas que estos animales han hecho siempre. Aunque estas mismas conductas, consideradas dentro de un contexto humano, tienen todo el aspecto de travesuras.

“Casi todos los comportamientos que consideramos inadecuados son naturales para la mayoría de los perros”, señala Nicholas Dodman, doctor en farmacología de conducta, director de la clínica de conducta animal de la Facultad de Veterinaria de la Tufts University de North Grafton, Massachusetts, y autor de Dogs Behaving Badly. “Ladrar y escarbar en el jardín es instintivo. Cualquier galgo que se precie, por ejemplo, perseguirá siempre a un conejo.”

No me riñas, sólo soy un cachorro

Si tiene la ocasión de ver a un perro salvaje, comprobará hasta qué punto su aspecto canino contrasta con su comportamiento, tan impropio de un perro. Los perros (y los lobos) que nunca han sido domesticados son suspicaces, recelosos y tremendamente independientes. No imploran el cariño de la gente, no necesitan limosnas de nadie y, sobre todo, no atienden a nuestras razones. Son totalmente opuestos a los perros que comparten nuestras vidas.
Durante miles de años, las personas han anulado deliberadamente la independencia y espíritu originales de los perros y les han inculcado la amabilidad, la ternura y el deseo de complacer. “Elegimos a los perros por su aspecto y conducta de cachorros”, afirma Joanne Howl, veterinaria de West River, Maryland.

“Nos gustan los perros que parecen siempre cachorros”. Sin embargo, ese aspecto jovial viene acompañado de una cierta conducta juvenil e inmadura. “Nos guste o no, hemos convertido a nuestros perros en pequeños pícaros”, opina la Dra. Howl.

“Tan sólo unas pocas razas han salvaguardado su espíritu original”, añade la doctora. El basenji, por ejemplo -que ha logrado una gran popularidad- es apreciado por su inteligencia, su magnífico pelaje y su inusual voz. (Se le conoce como el perro que no ladra porque emite un curioso sonido que recuerda a una canción tirolesa.) Los basenjis son perros extraordinarios pero poseen un marcado carácter independiente. No harán travesuras, porque su carácter no es infantil pero, en contrapartida, probablemente no serán tan afectuosos como otros perros.

¡Fueron mis genes!

“Cada perro es un mundo, pero los perros pertenecen a razas distintas (o mezclas de razas) y cada raza tiene su propia personalidad y se mete en embrollos diferentes”, opina Melissa R. Shyan, especialista en conducta animal y profesora asociada de psicología en la Butler University de Indianápolis. Por ejemplo:

Pastor australiano.

Criado para vigilar rebaños de ovejas, este trabajador incansable posee energía a raudales. Eso le ayuda a llevar a cabo su tarea en el campo pero lo convierte en puro nervio cuando está en casa. Si no logra quemar su energía de algún modo autorizado, buscará otras maneras de hacerlo, como dando vueltas al sofá durante 10 minutos o agrupando en manada a niños y adultos. Y si, haciéndolo, tira uno o dos jarrones al suelo, puede estar seguro de que no lo hizo intencionadamente.

Basset hound

Este pequeño y cariñoso perro cazador acostumbra a mostrar una buena conducta, excepto en una cosa: le encanta aullar emitiendo un triste sonido. No lo hace para llamar la atención; es sólo una reminiscencia de su pasado, cuando aullaba para advertir a los humanos de que había acorralado a su presa.

Corgi

Los medios de comunicación ingleses han hablado mucho de este perro porque es el favorito de la reina Isabel. A pesar de sus influencias reales, este inquieto perro fue criado para convertirse en un trabajador infatigable. A veces los dueños se quejan de que sus corgis les muerden los tobillos o se mueven entre sus piernas al andar, lo cual es un vestigio de sus días de pastores, cuando su cometido consistía en reunir al rebaño.

Setter irlandés

Este perro alegre y entusiasta es capaz de mantener su vitalidad toda la vida. A parte de su peculiar ánimo, presenta cierta conducta impulsiva y absurda, herencia de sus antepasados, que eran excelentes cazadores. Un olor sospechoso o un movimiento tras un arbusto despertarán su curiosidad y saldrá en busca de su presa. Dicha actitud es valiosa para la caza pero en casa o en el parque ya no lo es tanto.

Jack Russell terrier.

Valiente y lleno de energía, el pequeño Jack Russell terrier no pue¬de valerse de su tamaño para obtener lo que de¬sea. Lo que no le falta es persistencia para importunar a su amo hasta someterlo a su voluntad. Por ejemplo, le lamerá la mano hasta que lo acaricie o saltará para llamar su atención.

Labrador.

Nadie sabe con certeza por qué lo hace pero a este dulce perrito le encanta escarbar. Rara vez entierra algo pero deja el jardín hecho un campo de minas.

Lhasa apso

Este fiel e inteligente perro es famoso por el tremendo alboroto que organiza cada vez que alguien o algo se acercan a la puerta de su casa. Es originario del Tíbet, donde se le denominaba abso seng kye, que significa “perro centinela con ladrido de león”, un imponente apelativo para un animal tan pequeño.

La travesura universal

La raza de un perro ejerce una gran influencia en su vida, pero no es ni la única ni la más importante. Todo perro -desde el más tranquilo podenco spaniel al labrador más escandaloso- ha de dar rienda suelta a su naturaleza canina de vez en cuando. Y los perros, independientemente de su raza, actúan en función de normas distintas a las de las personas.

La caza es un claro ejemplo. Casi todos los perros lo hacen y no parece importarles mucho si lo que persiguen es una pelota de tenis o un rollo de papel higiénico. Mascar, olfatear en busca de sobras y alzar la pata ante la presencia de objetos verticales son sólo algunas de las otras formas de expresión caninas. Se les puede enseñar a no hacerlo, pero intentarlo supone un gran reto ya que dichas tendencias forman parte de ellos.

Tú me lo enseñaste

Si desea poner a prueba la inteligencia de un perro, realice este experimento: incline su plato de la cena y deje caer un trozo de bistec al suelo. Su dispositivo de respuesta canina lo hará reaccionar ante la llegada de este regalo divino de dos maneras: primero se apropiará rápidamente del bistec y dará buena cuenta de él. En segundo lugar, volverá al mismo sitio por si vuelve a ocurrir.

Los perros observan muy de cerca a la gente que los rodea. Intentan entender lo que pensamos y lo que sentimos, y anticipar qué será lo próximo que hagamos. Incluso un perro que nunca haya probado la comida humana puede convertirse en un incorregible ladrón si un día la prueba y le gusta.

Algunos tipos de travesuras pueden tener su origen en cosas que suceden de modo accidental. “Otras muchas ocurren porque, sin darnos cuenta, premiamos a nuestros perros por los actos que nos gustaría que dejasen de hacer”, afirma la Dra. Shyan. He aquí algunos ejemplos:

Ladrar.

Hasta un perro pequeño puede tener una voz muy potente, por lo que los ladridos se cuentan entre las quejas más comunes que los veterinarios (y los vecinos) suelen escuchar. Ladrar es normal para un perro, pero las personas no lo soportan. La reacción habitual es gritar “¡calla!”, pero el perro no entiende esa palabra; lo que le parece es que su amo también ladra, por lo que ladrará aún más fuerte.

Huir.

Para Shakti el “cazador de ropa”, no hay nada mejor que correr y ser perseguido. Puede parecer simple pero a la gente le cuesta entenderlo. Cuando un perro no acude a la llamada de su amo o cuando se apropia de algo que no debería, su dueño corre tras él y el perro huye creyendo que se trata de un divertido juego.

Morder.

A los cachorros les encanta mordisquear. Cuando introducen sus diminutas mandíbulas dentro de unas zapatillas de deporte del número 43, todo el mundo los encuentra encantadores. Ahora avancemos un año en el tiempo: los dientecillos del cachorro se han convertido en molares e incisivos de adulto y las viejas zapatillas deportivas han sido reemplazadas por unos zapatos italianos carísimos. De repente, ya no los encontramos tan monos… y ellos no logran entender por qué todos les gritan.

No más travesuras

Lo que nos gusta de los perros es lo diferentes que son de nosotros. Rara vez están serios y jamás fruncen el ceño. Su jovialidad y su conducta de cachorros son las razones por las cuales les abrimos nuestras casas y nuestros corazones. Una pequeña travesura de vez en cuando es el precio que hay que pagar.

Pero existe una clara diferencia entre las fechorías puntuales y la mala conducta crónica. Un perro que destroce las pertenencias de sus amos no recibirá mucho afecto. “Todo perro debe entender qué se espera de él y cuáles son las normas”, señala la Dra. Overall. Las personas, a su vez, han de saber por qué sus perros actúan del modo en que lo hacen. Sólo así conseguirán que se comporten mejor.

“No se puede eliminar por completo una actividad propia de una raza, pero se puede reducir la intensidad o la frecuencia con la que ciertas situaciones se producen”, afirma la Dra. Shyan. Con mucho ejercicio y algo de entrenamiento conseguirá reducir sus travesuras.

1 comentario en “Todo lo que necesitamos saber sobre las Travesuras de Perros”

  1. tengo un bullmastiff de 4 años, y ultimamente cuando salimos a pasear y lo suelto huye de mi, yo intento cogerlo con golosinas pero me mira pedrificado e inmovil y en cuanto me acerco huye, no entiendo este comportamiento.

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